Un poco de sal y un poco de red.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Martes, 14 de febrero de 2006
No hacia ni dos horas que me había ido, y me quedé con el silencio.
El silencio, cuando es así, como ocurre entre tu y yo, es una fruta jugosa portadora de sonidos en forma de sueños. Así que nada más feliz que dejar que el silencio se apodere de nosotros y nos postre con los cuerpos entrelazados, soñando, sintiendo, escuchando, porque en ese silencio no faltan emisiones sonoras...
Es el auténtico mutismo, el que siempre es bien recibido, en contraposición de aquel que nos es impuesto. Nada más aterrador que el silencio amordazante, ese que si tratas de escuchar solo emite chirridos, estruendos, ruidos al fin y al cabo. Nada más misterioso que el silencio de aquellos a quiénes deseamos escuchar y nos responden con solo eso: silencio.
Aun así hay silencios que son solo breves ausencias; son costosos de admitir y sin embargo, no hay nada más que podamos hacer para evitarlos. Me refiero a esos silencios en que, estando acompañado, solo te dejan ver en el otro una trasposición incapaz de ser descrita y menos anulada. Este silencio es, a veces un atentado contra tu curiosidad, otras un arrebato conformista, y algunas incluso, motivo de llanto interior.
Estos últimos son los silencios más controvertidos; nunca sabes si son sintoma de hastío, o son simplemente insonoridades involuntarias.
De todos modos hay mudeces que rebelan; son esas de quienes tienen voz pero sin voto, de aquellos cuya soledad indeseada e indeseable no les permite reproducir sus propios sonidos. Mi siquiera pueden plantearse que tipo de silencio les rodea, porque hay un mutismo único: el sonido del desprecio por su propia condición (lésae pertenecer a otro mundo que no sea el primero, etc...)
Yo me quedo con el silencio que me mantiene unido a ti por mi pecho. Lo busco sin fin porque es una melodía amapolesca, mejor que las mejores odas, mejor que cualquier canción lírica.
Vuelva a mi tu silencio así en la tierra como en el cielo, Y rómpelo con tu torbellino de alegría cuando te plazca, Amapola mía
Por: Nacho | Nacho | Comentarios (0) | Referencias (0)