Un poco de sal y un poco de red.
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Miércoles, 03 de mayo de 2006
¡Cuánto te añoré y cuánto te venero!
Únete a mi, Ausencia de Elementos Perturbadores, y no me abandones mañana cuando el ruido, en su más amplio sentido, rellene todas las estancias y tome formas aterradoras, de aquellas que me duelen sobremanera.
Apodérate de mi, silencio ensordecedor, y sostén esta compañía que me causa sosiego, armonía, al tiempo que me desprende de pesadillas interminables e infinitas. Pon con tu arrebato a mi amapola en el centro de todos los universos y resta gravedad a todos los astros que circulan en su órbita. Bañala de libre movimiento y pon en sus labios besos de inconfundible valor, de inequívoca intención, de luz infinita. Haz todo esto hoy que te he encontrado, y mañana refuérzame aplastando a los enemigos del amor.
Manténme esta fe sin temores como si fuese esencialmente eterna, y conserva en su palabra la sintonía con el amor, la dulzura de su sonido y la locura desbocada cabalgando sobre mi costado.
Yo recobraré el altar donde te tuve y me haré peregrino en la pasión que devuelva al cauce el deseo si es que ello, en si mismo, no es contradictorio y retorcido, o si es que no se hubo creado ya un nuevo trazado para su enrojecido devenir.
En tu ausencia conserva abierta la ventana, y deja que el bálsamo en forma de oído soporte, con estoica actitud, reciba mis palabras confundidas, mi dolor sangriento, y dibuje con ternura esquemática la línea del horizonte, ese que se me oculta cuando no sé distinguir mi amapola entra la vegetación...
Por: Nacho | Nacho | Comentarios (0) | Referencias (0)