Un poco de sal y un poco de red.
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Martes, 23 de mayo de 2006
He regresado de los abismos, y ahora nado en la abundancia. Lo hice mucho tiempo así que este espacio no es nuevo para mi.
Una tarde me asomé al horizonte y vi salir a mi amapola. Arrinconé mi melancolía y quise regresar al lugar de la paz. Aún me quedan resquicios, cimientos rotos por reconstruir, duelos con percepciones adulteradas que no quisiera recordar. Aún tengo el alma bajo mi espada de Damocles, pero la pista de despegue parece menos sinuosa y turbulenta.
He regresado de mi melancolía aunque no alcance a arrancar de mi esta daga hiriente y me brote la sangre sin opción al coagulo. Pero tengo esperanza y es rojo pasión, el de mi amapola viva cubriendo con su piel cuanto alcanzan a ver mis ojos, miopes empedernidos si no la encuentran cada amanecer.
Vivo y cada bocanada de aire viene más oxigenada que nunca. El amanecer me la regaló linda, expuesta, generosa, entregada, y el ocaso me la devuelve intacta de amor, con un rojo locura que apaga el cansancio que le infringe el devenir de la tierra presionándola por el hecho de ser una voluble y dulce amapola.
Podría ser que no pudiese evitar su ajamiento por una u otra razón, pero mi vida, sin su locura ya no será más que el deambular sin sentido de un montón de carne desorientada y sin destino.
Te amaré eternamente amapola mía. Te rendiré tributo eterno, y habré de inventar un cielo exclusivo para ti, donde solo te adoremos aquellos que deseamos, por encima de todas las cosas, que sea verdad tu esencia infinita.
Mientras déjame amarte, mientras recíbeme en tu regazo con la sencillez de tus rojos pétalos.
Por: Nacho | Nacho | Comentarios (1) | Referencias (0)