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ENTRE LA RED Y EL MAR

Miércoles, 24 de mayo de 2006

BuscándoLE

Sabía que Dios no era el hombre barbudo encerrado en un triángulo, inquisidor, serio, e iracundo al que debería hablar, con temor a las represalias. Era una calumnia que no estaba dispuesto a asumir por más que se empeñasen los curas del cole, o el hermano mayor del seminario.

Así que comencé una cruzada en la búsqueda de algo (o alguien) excelso, distinto, algo (o alguien) que había despertado en mi una conciencia solidaria y sensibilizable, distinta de la que me dictaba el entorno social.

Busqué en los libros. Creí que el mínimo acercamiento a religiones de diversa índole y creencias, me revelaría el secreto mejor guardado. Miré en las biografías de santos católicos, de revolucionarios de la paz. Indagué, en su principio más puro, muy de cerca, los entresijos de diferentes tendencias políticas. En todos ellos hallé indicios, pero ninguno de ellos se revelaba, con nitidez inconfundible, la figura que buscaba.

Hubo, incluso un tiempo en que decidí poner en jaque cuanto había aprendido en mi evolutiva senda de la búsqueda, y dudé del mismo principio que había inspirado mi tarea: decidí tratar a Dios como una conjetura infantil del ser humano para explicar aquello que no era capaz de someter a la tiranía de la Razón.

Al principio sentí angustia. Luego aprendí a vivir con ella. Por fin convine en que no era una locura vivirLe, a pesar de no haber encontrado aún la respuesta a ese íntimo sentir que me movía y me comprometía de algún modo. Tenía la certeza de que Dios no era un invento. Ni siquiera me necesitaba para ser, pero no podía describirlo.

Un día quise acompañar a mis compañeros al Patronato San José, un hospital psiquiátrico sito en algún lugar de la provincia de Madrid. Debí soñarlo, porque creía haber visto con un brillo inusitado la respuesta. Y sin embargo, mi escepticismo aprendido con la ayuda de Enmanuel, mi profe de Filosofía, me impedía darle forma a lo soñado.

Otro día quise vivir junto a ellos un día en el asilo de ancianos que las religiosas tenían en la misma ciudad, repleto de mayores esperanzados en que algún día su familia iría a visitarles; en sus rostros leí un esbozo de lo que esperaba encontrar.

Sin embargo, salí al mundo laboral empezando por la milicia, y tras muchos años de búsqueda, con la inestimable luz de dos personas que me acompañan en el recuerdo, mi padre y mi colega Salvador Domínguez, he logrado saber, al menos, dónde no encontraría nunca a Dios.

Ahora sé que Dios no estará nunca en un consejo de administración, posiblemente no tiene aspecto de jefe, no es gris, ni mide al prójimo en función de su economía, o por sus reconocimientos sociales. Sé que no tiene envidia de sus vecinos, y jamás lo encontraré en un mando militar. No será nunca presidente de los Estados Unidos (por tanto nunca será intervencionista), y no odiará a nadie por defender sus ideas aunque estas sean las más descabelladas del mundo.

No sigo por cuestión de espacio, pero creo (lo digo sin acritud), mi querido colega, que aquel que estaba en esa reunión no tenía nada que ver con la divinidad. Yo, que muero de amor cada día, tampoco Le reconozco en tu relato. Espero que papá y Salvador no estén demasiado lejos para que puedan seguir ayudándome en la búsqueda.

Por: Nacho | Nacho | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Nacho, amigo, no te tomes tan a la tremenda mis historias, tambien la fantasía tiene un hueco en ellas.A Dios tambien le gustaría que lo mirasen con una sonrisa.

luca | 24-05-2006 19:45:58

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