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ENTRE LA RED Y EL MAR

Sábado, 03 de junio de 2006

Carta a Genoveva

Conviene al lector revisar antes la carta a la que hago referencia en la siguiente dirección web:

Adiós


Ni siquiera esperaré una respuesta, pero tengo que comunicarte que hoy (perdona por tutearte), me ha dolido especialmente tus palabras sobre las despedidas en el Mijas semanal.

Esa sensación del devenir en el que todo está en continuo cambio, incluido aquello que es eterno (la belleza, el amor, sobre todo el amor), me ha quebrado el alma. Y no lo digo en tono de reproche. No puedo reprocharte una apreciación tan bien desarrollada en una carta escrita desde la ternura. Es que me has arañado el interior porque he percibido un final que no debería ser tratado como los demás: el desamor.

El final del amor solo indica que has vivido un espejismo y ahora que solo encuentras el vacío, sientes el fracaso, acaso por haber vivido algo que no fue amor, acaso porque mi amor ya no lo vive así. Porque quiero recordar que el amor tiene un componente de entrega y de fe en el otro. A nadie le gusta poner el corazón en manos de quien lo pisotea aprovechando la confianza de que es depositario/a, y cuando llega el final, la despedida no es solo un cambio hacia algo nuevo (que lo es), sino la desilusión de quien ve denostada toda la energía desprendida en ese proyecto vital, alrededor del cual se organiza toda un sociedad.

Recurrir al inconsciente, como explicación para alinear amor y muerte, es, posiblemente tan infantil como prometer un paseo de rodillas por el empedrado de la calle, a la representación en madera de una divinidad. Puede que amor y muerte sean las dos caras de una misma moneda, pero por eso mismo no son convergentes.

No me hables entonces de la eternidad del amor como una mera prolongación en el tiempo, porque a mi juicio no es eso la eternidad (ni el amor). Es más no creo que la eternidad (como característica y esencia misma del amor), tenga algo que ver con el tiempo o el espacio. El amor como eterno sentir vive por si mismo, independientemente de que tenga a bien instalarse en mi vida hasta que mis huesos hechos cenizas me liberen para formar parte de El mismo.

Por tanto el desamor no es una despedida como las otras; es que no es una despedida. Es el retorno a lo infernal y la ausencia de casi todo, a no ser que queramos reducir el amor a una mera simbiosis química acontecida en este imperfecto cuerpo y que muere al morir éste. El desamor es muerte, solo en un sentido: no me ha tocado con su varita, por tanto será que estoy en la otra cara de la moneda. No es tránsito a nada, sino a ausencia de todo.

Gracias de todas formas por devolverme la serenidad en tu tramo final de la carta, porque es cierto que busco en mi bar favorito cada viernes el periódico (me gusta leerte en papel), y esos minutos en que leo tus reflexiones (más o menos acertadas, más personales unas, más profesionales otras), es verdad que algo sucede entre tú y yo, y te despido reflexivo o feliz o desconcertado, aunque ilusionado en volverte a leer el viernes siguiente. Y todo ello a nivel consciente. Ni rastro de la muerte.

Tu fiel lector
Nacho

Por: Nacho | Nacho | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Gracias por recibir mis letras. Según como uno se posiciona ante un final a si vive. Si uno no vive las despedidas como una tragedia, puede vivir más feliz. ¿Si yo dejo de escribir, estos dos años habrán sido un espejismo? Quiero comunicaros que ya podeis escucharnos en la radio: en 3.40 los lunes a las 10 de la noche. Un saludo de letra, Genoveva.

Genoveva | 04-06-2006 13:09:17

Ha sido un placer leer tu comentario en la bitácora. Sin duda me fascina tu capacidad de síntesis y exposición. Así leido ¡parece todo tan fácil!.

He reflexionado sobre tu respuesta. Sin duda sería distinto si dejases de escribir. No quiero decir que fuese mejor o peor, simplemente distinto. Si lo hicieses, tu te reencontrarías en otro lugar con otra persona (que ya las habrá) la cual se fascinará con tu sencillez en la expresión y tu claridad de ideas, pero no habrá vacío, no habrá abismos. Si dejas de escribir, ya no tendré un punto de referencia cada viernes (lamento haberme perdido tu programa radiofónico), en mi bar favorito, y que antes cubrían las conversaciones de los contertulios con su peculiar punto de vista sobre lo cotidiano. Pero no sentiré la caída por un precipicio....

Si sufro el desamor (aunque solo sea por parte de uno) la caída llega hasta los más oscuros y recónditos fondos, la oscuridad se apodera de mi vida, y vivo, eso sí una tragedia. Claro que, no soy un autómata. No puedo deshacerme de las tragedias, porque estoy vivo, y las heridas de amor nunca se cierran. Pero claro que sería más feliz si pudiese no verlo así. También lo sería si no viese en el trabajo el impedimento para escribir y contar historias, si no viese sufrir a mi vecino cuando le embargan la casa por falta de pago, o el paso del tiempo como el culpable de mi tragedia..., Pero no puedo evitarlo. Aún no tengo las facultades de dios. Ni siquiera ser optimista me libra de las desgracias.

Con el amor no puedo hacer como con el resto de cuestiones vitales: meter la cabeza en agujero y esperar que arrecie el vendaval, porque me va la sangre en ello. No puedo luchar si vivo el desamor, y eso le resta sentido a mi vida que es la búsqueda continuo del amor, la permanente vigilia para retomarlo, vivirlo, alimentarlo.

De todos modos, es un alivio poder expresarte, con torpes palabras, la importancia que el amor tiene para mi, y las consecuencias de su ausencia. No me permitiré escribirte más sobre ello, porque quiero respetar tu valiosísimo tiempo.

Gracias por tu comentario de nuevo. Muy sincero. Muy sencillo.

Queda con mi corazón enamorado que aún no ha sufrido el desamor. (Lo diré bajito para que siga funcionand el hechizo)

Hasta otra. Nacho

Nacho | 06-06-2006 23:12:56

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