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ENTRE LA RED Y EL MAR

Domingo, 25 de junio de 2006

LA ÉTICA DEL SERVO (fragmento del sueño de esta noche)

Los nombres que aparecen en el siguiente fragmento han sido modificados para preservar la intimidad de sus protagonistas, la acción, cuya base es real, ha sido dramatizada para poder ser entendida.

En su huida por el laberinto de celdas y pabellones, Loiz y Duant habían topado irremisiblemente con los dos agentes que habían acudido en sustitución del desertor Michael. En el centro del patio, todos continuaban en tensión, esperando a que se reanudase el partido, los más jóvenes, apenas unos niños, casi completamente desnudos, habían hecho una compacta agrupación y sudorosos, aguardaban su oportunidad para hacerse con la bola.
- ¡Dios! -grito Duant cuando la agente, con un giro de muñeca, lo arrojó, sin soltarlo, contra una de las vallas, dejando todo su rostro marcado en ellas. Un hilillo de sangre broto casi al unísono de ceja y labios.
Loiz estaba excitadísimo, daba pequeños saltitos alrededor del otro agente, imaginaba una pelea tremenda entre la carcelera uniformada y Duant, pero en el fondo, solo había algo que él deseaba ver, aquel cinturón que había vislumbrado brevemente al inicio del partido.
- ¡¡Enséñame el cinturón tío!!¡Quiero verlo!
Duant se sentó cuando la agente, soltándolo y retrocediendo un par de pasos se lo permitió, agarro la mugrienta chaqueta que llevaba y la subió dejando al descubierto, primero un cinturón lleno de medidores y reguladores, así como una minúscula unidad microprocesadora.
-¡¡Que hijo de puta -gimió de placer Loiz mientras babeaba ante la visión de semejante tecnología- sube más tío, sube esa chaqueta más!!
No había ya fuerzas en el otro para negarse, así que abrió por completo la chaqueta, dejando al descubierto el resto del pecho, una coraza metálica que protegía un sinfín de cables y servos. -¡¡Eres un puto ciborg macho!!.
Duant afirmó, había participado en la guerra Última, un infierno de muerte en la que se emplearon todos los dispositivos de ataque conocidos y algunos que solo eran proyectos en fase experimental.
- Aquí debajo apenas hay carne y huesos, el cuerpo destrozado de un soldado, estos aparatos impiden que dar un solo paso no se convierta en una misión suicida.
Pero Loiz iba más allá, estaba en la prisión por algo, algo que seguramente no era robar manzanas en un puesto de cualquier mercado.
- Pero son servos, son nanoservos de presión de muchísimas atmósferas, si distribuyeses la energía hacia una potencia máxima, podrías descuartizar a una persona con uno solo de esos brazos.
Mientras se ponía de nuevo la chaqueta, Duant negó con la cabeza.
- Existe un sistema de seguridad que limita la distribución de la potencia haciendo imposible pasar más atmósferas de las necesarias a cualquier parte, además, la batería es limitada, de litiones, lo que haría que en pocos segundo el exoesqueleto se quedase completamente agotado...e imagínate lo que pasaría si a un cuerpo deformado que apenas puede consigo mismo, le sumas 70 kilos de chatarra...
Los agentes sacaron sus porras eléctricas y les indicaron con un gesto el camino de regreso hacia el patio, Loiz cabeceaba contrariado, debía olvidar el proyecto de convertir a Duant en su matón.
Duant abrió y cerró la mano varias veces, por ahora el también olvidaría que esa limitación de potencia que había mencionado, no existía, y que las microbaterías atómicas le daban una autonomía total...por ahora, pero sabía que un día Loiz sentiría en su cuello toda la presión de sus dedos. Estaba ya cansado de esa rata, estaba cansado de encontrárselo saliendo a hurtadillas del pabellón donde se refugiaban los reclusos más jóvenes...estaba harto de muchísimas cosas...
La luz del patio los cegó al llegar, Simón, de apenas 8 años, con un corte en la cara y un brillo en los ojos los miró y sonrió dejando al descubierto sus dientes amarillentos.
- ¿¿Continuamos con el juego???

Por: Luca de Soto | Lucas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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