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ENTRE LA RED Y EL MAR

Domingo, 02 de julio de 2006

Regalos

Regalar es un acto que favorece sobre todo a quien lo practica. Me produce un placer desmedido hacerlo, porque lo es adivinar en los ojos del receptor, la sorpresa, la decepción, la ilusión o el desencanto. Siempre hay un punto en que el regalado siente una mínima satisfacción: la de haber sido objeto del pensamiento de quien ideo el presente.

Lo cierto es que, cuando regalo, aparece uno de esos momentos vitales en los que parece que conservo la inocencia de la infancia. Disfruto en la búsqueda, sufro los descalabros de la elaboración del regalo, y finalmente la emoción del momento de la entrega. Utilizó los momentos en que quien va a recibir los presentes espera recibirlos, pero si por mi fuera, los multiplicaría por mil...

Algunos de esos regalos son auténticos actos de amor. No me resulta difícil encontrarlos porque nada me gusta más que regalar a quien deseo hacerlo de todo corazón. Esos me exigen jirones de piel, y con ellos entrego una parte de mi. Me dolería una negativa para ser recibidos, porque donar una parte de tu alma implica poner al alcance de quien lo recibe lo más profundo e íntimo de ti; nunca esperas que te desgarre el corazón.

Por eso me siento agraciado cuando regalo. Es una forma de plenitud interior, difícilmente inteligible para quienes, un regalo, no es otra cosa que una obligación. Da igual a quien se lo hagan.

Sin embargo, debo decir en honor a la verdad que, a veces , los regalos que hago no salen de mi con tanto derroche interior, aunque sí necesito creer que el otro lo espera.

Tampoco comprendo los regalos hechos en espera de que algo ocurra en beneficio del donante. Esos han perdido su esencia en el momento en que fueron concebidos. En ellos no cabe la satisfacción altruista y sí una decepción segura, porque las más de las veces esos regalos acaban, en el mejor de los casos, en manos de quien quizá ni lo merece. Suelen ser regalos de dudoso gusto, están vacíos de significado, y bien podrían arrojarse a la basura, sino fuese porque suelen ser regalos de valor material alto, que es el único valor real que contienen.

Yo de todos modos vivo la existencia entre contínuos regalos; soy depositario de presentes cuyo donante solo puede vislumbrar cuánto de hermoso tienen para mi: Despertar en los brazos de mi amoroso objeto de culto, la sonrisa de mi niño, o la ternura espontánea de un abrazo. Como receptor soy fácilmente sorprendible: basta con que proceda de mis seres queridos...

Por: Nacho | Nacho | Comentarios (4) | Referencias (0)

Comentarios

Hacer un regalo y saber si le va a gustar o no es complicado, pero si investigas un poco, el presente siempre hace que los ojos se abran llenos de sorpresa, yo alargo el momento, lo pongo a la vista pare sin desenvolver y con serenas instrucciones de no ser abierto hasta la fecha indicada...y a jugar al despiste ¿que es, que no es? creo que lo más bonito de un regalo es la incertidumbre.

luca | 02-07-2006 08:56:52

Regalame una hora de tu vida, regalame un café, regalame una mirada y una sonrisa. Regalame un sì.

Susanita | 17-07-2006 21:40:17

Una hora para degustar un cafe, una conversacion, una sonrisa, una mirada, una sonrisa...habra que sacar jugo a esa hora

luca | 18-07-2006 09:05:56

Qué jugo quieres sacarle? Siempre cinico y materialista?

Susanita | 20-08-2006 21:26:45

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